“Inventando el futuro”
Ron DeBoer
2/11/2012
Acabo de terminar de leer la excelente biografía autorizada, escrita por Walter Isaacson, de Steve Jobs, fundador de Apple y dotado con una de las mentes más asombrosas e innovadoras de la historia. Al igual que una minoría de seres humanos, Jobs podía imaginar el futuro y después inventarlo, creando la tecnología que cambió la manera en que nos comunicamos, almacenamos información y aprendemos. Sus inventos y habilidad para hacer llegar sus creaciones a gente de cada rincón del globo satisficieron su deseo, mencionado a menudo, de «marcar huella en el universo».
Jobs le pidió a Isaacson por primera vez que escribiera el libro en 2004, poco tiempo después de que los doctores descubrieran cáncer en el cuerpo de Jobs. Isaacson estaba trabajando en un libro sobre otra gran mente, Albert Einstein, y pensó que Jobs no era lo bastante mayor como para que se escribiera una biografía completa; que a su historia aun le quedaba mucho por terminar. Pero Jobs no le contó a Isaacson acerca de su cáncer, y no fue hasta 2009 que la esposa de Jobs le dijo a Isaacson que era mejor que escribiera el libro pronto, porque a Steve no le quedaba mucho tiempo. Los doctores habían descubierto que el cáncer se había esparcido. Isaacson le dijo claramente a Jobs que haría una presentación honesta de su vida, incluyendo innumerables entrevistas con gente a la que Jobs había ofendido, despedido, enfurecido y traicionado. Jobs le dio el control total del proyecto a Isaacson y prometió que ni siquiera leería el libro. Este salió a la venta el 24 de octubre de 2011, casi tres semanas después de la muerte de Jobs. Como muchas otras grandes biografías, el libro invita al lector al mundo vívido de su sujeto; en este caso, el mundo de Silicon Valley, las tiendas Apple, los estudios Pixar, y hasta los circuitos y funcionamiento interno del iPod, iPhone y iPad.
Isaacson no endulza a su sujeto: Jobs no era un hombre agradable. Isaacson pinta la imagen de un hombre tan obsesionado por inventar el futuro que cualquiera que se interpusiera en su camino terminaba entre su amplia estela de víctimas. Era un hombre con un humor variable, irascible y manipulativo que normalmente lograba lo que quería. Rechazaba la filantropía e insistía que el dinero no tenía nada que ver con su impulsividad por inventar el futuro. Una vez dijo que no tenía ningún deseo de ser el hombre más rico del cementerio.
Cuando leo biografías de personas dotadas por Dios, como Steve Jobs, siempre busco ecos del gran creador e innovador; Dios, quien debe haberse sentido complacido al ver a Steve Jobs descubriendo los tesoros escondidos de su tierra, la cual él creó hace mucho tiempo. Como dijo un bloguero, después de haber leído lo que otro bloguero había titulado 10 Golden Lessons from Steve Jobs [10 Lecciones de Oro de Steve Jobs]: «La gente solo descubre lo que Dios ya ha creado».
Uno de los dichos favoritos de Steve Jobs en las reuniones de la junta y lanzamiento de productos de Apple era que «La gente no sabe lo que quiere hasta que se lo muestran». La cita estaba alineada con uno de sus otros dichos favoritos: «La mejor manera de predecir el futuro es inventándolo».
Sospecho que el anónimo bloguero cristiano, mencionado antes, podría discrepar de estas declaraciones presuntuosas de Jobs. Este puede que haya marcado una pequeña huella en el universo, pero el Creador de ese universo no solo puede ver el futuro, pero realmente fue él quien lo creó. Uno de los Salmos favoritos de nuestra familia, que leemos muchas veces durante el año y siempre el día de Año Nuevo, es el Salmo 139. Es posible que los versículos 13-16 reflejen a una persona como Steve Jobs y su atención por el detalle y la perfección:
13 Tú creaste las delicadas partes internas de mi cuerpo
y me entretejiste en el vientre de mi madre.
14 ¡Gracias por hacerme tan maravillosamente complejo!
Tu fino trabajo es maravilloso, lo sé muy bien.
15 Tú me observabas mientras iba cobrando forma en secreto,
mientras se entretejían mis partes en la oscuridad de la matriz.
16 Me viste antes de que naciera.
Cada día de mi vida estaba registrado en tu libro.
Cada momento fue diseñado
antes de que un solo día pasara. (NLT)
Estando cerca de la muerte, Jobs, demacrado e incapaz de comer alimentos sólidos y luchar contra el cáncer que había extendido por su sistema, dijo que se encontraba « al cincuenta por cien en cuanto a la creencia en Dios». Esto fue poco tiempo después de reconocer que podría estar, según Isaacson, «sobrestimando las probabilidades por causa del deseo de creer en la vida eterna». Jobs podía divisar lo lejano y podía comprender sistemas complejos, pero no podía convencerse a sí mismo de creer en la sencilla verdad que muchos simples mortales ya saben: que Dios es real y que tiene el control de todas las cosas, incluyendo la tecnología y a aquellos que la «inventan».
Pero según la hermana de Steve, Mona Simpson, quien estuvo a su lado cuando murió, Jobs se sentó, observó a cada miembro de su familia, y después miró sobre los hombros de ellos y dijo: «Oh, ¡guau! ¡Oh, guau!, ¡Oh guau!». Después murió.
Me impresionaron las palabras de Jobs cuando las leí en el periódico, el día después del funeral. Me gustaría creer que Dios le dio a Steve Jobs otro vistazo del futuro, y para un hombre que odiaba la mayoría de ideas que le presentaban, su asombro e instantánea aceptación de lo que vio es el testimonio de que, en efecto, tuvo una visión del cielo y supo que era real.
Ron DeBoer es un escritor y educador que vive cerca de Toronto.