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Termine la parábola – Mateo 20:12
Jack Klumpenhower
4/23/2012

Juguemos a un juego. Yo diré el comienzo de una de las parábolas de Jesús. A continuación, usted dirá la última línea. El final de esta parábola coincide tan perfectamente con la manera en la que todos tendemos a pensar que apuesto a que la dirá bien, incluso si la parábola no le es familiar.

En el proceso estudiaremos algo que puede ayudarnos durante los momentos en los que nos sentimos inseguros ante Dios. ¿Listo? Aquí está la historia de Jesús:

Un propietario salió temprano por la mañana con el fin de contratar trabajadores para su viñedo. Acordó pagar el salario normal de un día de trabajo y ellos se fueron a trabajar. A media mañana encontró más trabajadores y también los contrató, diciéndoles que les pagaría lo justo al final del día. Al mediodía hizo lo mismo y después otra vez a media tarde. Finalmente, justo una hora antes del término de la jornada, encontró a otros más y los puso a trabajar en esa última hora.

Al final del día de trabajo les pagó primero a los últimos que contrató. Fue generoso. Les pagó todo un día de trabajo aunque trabajaron muy poco. Entonces, cuando todos los trabajadores que fueron contratados más temprano llegaron a cobrar su dinero, también les dio a ellos el salario de todo un día de trabajo. Todos recibieron el mismo pago.

Aquí es adonde a usted le toca jugar. Termine la historia. ¿Qué pensaron de esto los trabajadores que fueron contratados temprano por la mañana?

Comparándonos a nosotros mismos


Si su respuesta es que ellos se enojaron, ha acerdato. En la historia de Jesús, protestaron contra el propietario que había sido injusto con ellos: «Aquellos trabajaron solo una hora, sin embargo, se les ha pagado lo mismo que a nosotros, que trabajamos todo el día bajo el intenso calor» (Mateo 20:12, NTV).

Es una reacción natural. Todos tendemos a ver lo que hemos hecho comparándolo con lo de los demás y de eso deducimos cuánto dinero, alabanza o reconocimiento se nos debe.

Pero la historia de Jesús dice que esa no es la manera en la que funcionan las cosas con Dios. Algunas sociedades y familias han servido a Dios por generaciones, y algunos individuos lo han conocido durante toda su vida. Otros llegan más tarde a su reino. Dios es igual de generoso con todos y no distribuye recompensas basándose en quién hizo más: «Los que ahora son últimos, ese día serán los primeros, y los primeros serán los últimos» (Mateo 20:16, NTV).

Libertad de la inseguridad

Evidentemente, estas son buenas noticias para los que están entre los «últimos», pero piense en ello. En realidad, es útil para todos nosotros.

Si las recompensas de Dios fluyen de su generosidad en vez de de lo que ganamos, esto nos libera de adoptar un enfoque hacia Dios en el que constantemente nos preocupamos de si hemos hecho lo suficiente para él. También significa que no tenemos una razón para tratar de superarnos los unos a los otros, edificando ministerios que parezcan más impresionantes, o con conocimiento bíblico, o con vidas de oración, o lo que sea. Podemos perseguir estas cosas sin ningún celo ni presuntuosidad, simplemente por devoción a nuestro generoso Dios.

Lea aún más en Mateo y verá cuán generoso él es. Jesús contó esa historia mientras se dirigía a Jerusalén en su último viaje, donde daría su vida por usted y por mí. Jesús murió para salvarnos. Por eso es que somos libres del egoísmo, de colocarnos siempre en una situación de superioridad respecto a los demás, y de la inseguridad. Le pertenecemos a él, cuyo trabajo excedió el de cualquiera. Esa es nuestra seguridad.

¿Alguna vez usted, al igual que yo, se siente inseguro ante Dios? ¿Se acerca a él tratando de mostrar cómo ha ganado usted sus bendiciones? ¿O lo evita, convencido de que debe estar enojado con usted por lo poco que ha hecho y por cuánto ha fallado?

Él no es así. Usted nunca podría hacer lo suficiente. Pero él es muy, muy generoso. Se deleita siendo un Padre generoso y afectuoso para todos los que ponen su fe en Jesús. Él es el Gran Propietario.

Jack Klumpenhower es escritor y trabaja en un ministerio de niños en Colorado.

"De todo corazón recomiendo la Nueva Traducción Viviente porque transmite las ideas de la Biblia de una manera sencilla y clara."

Luis Palau

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