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La Estrella de la mañana: Una sorpresa en el cielo
Jack Klumpenhower
5/19/2012

Hace algunas noches descubrí un espectáculo sorprendente en el cielo. Eran dos objetos brillantes, similares a una estrella, lado a lado, uno casi encima del otro. Soy lo bastante entendido en estrellas como para saber que debían ser los planetas Venus y Júpiter, los dos objetos más brillantes del cielo nocturno, aparte de la luna. De hecho, murmuré un pequeño ¡Ah!

Hice una pequeña investigación en línea. En efecto, Venus y Júpiter estaban «en conjunción»: lo más cerca que han estado el uno del otro en muchos años. Los sitios web de observadores del cielo que consulté estaban muy entusiasmados al respecto.

Pero eso no fue lo que me había sorprendido. Me había sentido cautivado por cuánto más brillante era Venus que Júpiter. Había visto cada planeta muchísimas veces. Cualquiera de ellos opaca a cualquier otra estrella. Pero aunque sabía por los libros y otros medios que Venus es el más brillante de los dos, no me había dado cuenta de cuán vasta es la diferencia. Al lado de su rival más cercano, Venus se veía majestuoso. E incuestionablemente dominante.

A Venus también se le llama «Estrella de la Mañana». Y ese es el nombre que se le da a Jesús en la Biblia. Lo encontramos en dos lugares:

1. En 2 Pedro 1:19 se instruye a los creyentes a prestar atención a lo que está escrito en la Biblia: «hasta que el día amanezca y Cristo, la Estrella de la Mañana, brille en el corazón de ustedes» (NTV). Esto sugiere que ser llamado estrella de la mañana tiene algo que ver con la venida de Jesús, con la victoria final.
2. Y Apocalipsis—un libro acerca de esa victoria—termina con Jesús llamándose a sí mismo la estrella de la mañana: «Yo soy tanto la fuente de David como el heredero de su trono. Yo soy la estrella brillante de la mañana» (Apocalipsis 22:16, NTV). Esto nos dice que la estrella de la mañana también tiene que ver con que Jesús es el rey, como David.

Otras partes de la Biblia también hablan algunas veces de batallas reales en términos de las estrellas. Cuando el adivinador Balaam tuvo la visión de un rey que iba a llegar, dijo: «Una estrella se levantará de Jacob; un cetro surgirá de Israel» (Números 24:17, NTV). Después habló de todos los reyes extranjeros a quienes aplastaría la estrella. Y cuando Débora cantó sobre cómo Dios derrotó a un rey enemigo, dijo: «Desde el cielo lucharon las estrellas» (Jueces 5:20, NTV).

Las imágenes se extienden a la pelea cósmica entre el bien y el mal. Algunos de los pasajes más vívidos de la Biblia hablan sobre esas batallas y se refieren a los guerreros, tanto humanos como a las fuerzas espirituales no-humanas, como estrellas:

  • Algunas son buenas: «Las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias» (Apocalipsis 1:20, NTV).
  • Algunas son malvadas: «El nombre de la estrella era Amargura» (Apocalipsis 8:11, NTV).
  • Algunas brillan con esplendor al final: «Quienes conducen a muchos a la justicia brillarán como estrellas para siempre» (Daniel 12:3, NTV).
  • Muchas, buenas y malas, caen: «Su poder [de las trompetas] llegó hasta los cielos, donde atacó al ejército de los cielos y arrojó a la tierra a algunos de los seres celestiales y a algunas de las estrellas y los pisoteó» (Daniel 8:10, NTV).
Así que hay misterio en las estrellas; batallas pasadas y futuras entre el bien y el mal. Y las mayores batallas tendrán muchas bajas: «Las estrellas caerán del cielo, y los poderes de los cielos serán sacudidos» (Mateo 24:29, NTV).
Por lo que quizás sintamos miedo.

Es posible que al examinar las imágenes sorprendentes de estos pasajes nos preocupemos sobre lo que no podemos comprender. Es posible que nos demos cuenta de que hay batallas en nuestro mundo de hoy: batallas por el poder político, por influencia en la sociedad, por el bien y el mal y la vida misma, y nos preguntemos si la belleza que vemos en Jesús es suficiente para vencer semejante oscuridad. Podríamos preguntarnos: ¿Cómo terminará esta batalla cósmica?

Pero no debemos tener duda alguna. De todos los poderes del universo que parecen brillar intensa y completamente por la dominación del mundo, solo hay una Estrella de la Mañana. Solo hay un Rey cuyo brillo opaca tan claramente todos los demás que cuando lo veamos por quién es él, al lado de los poderes de lesa gloria, nos quita el aliento. Nos sobresalta.

Solo hay Uno que ganará la batalla final, sin lugar a dudas.

Él es Jesús. La Estrella de la Mañana. El Vencedor y el Hermoso. Aquel que me hace decir ¡Ah!

Este artículo es parte de una serie acerca de los nombres de Jesús. El próximo: Fiel y Verdadero.

Jack Klumpenhower es escritor y trabaja en un ministerio de niños en Colorado.

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